
Ahora toca pagar los fastos de la Expo, los edificios sicodélicos y los pabellones-puente, que no sirven ni como pabellones ni como puentes… Toca pagar las comilonas, los viajes por los cinco continentes, las costosas campañas de propaganda para vender humo por medio mundo…
Toca pagar la parafernalia de los grandes eventos que tanto gustan a Belloch y sus mariachis, las Olimpiadas sin nieve, la Expopaisaje forrada de cemento, la Zaragoza Cultural de cachirulo, la chapuza del campo de fútbol…
Y la gente andaba la mar de contenta con tanta obra, con tanto espectáculo, con tanta feria vacia y cutre, con tanta horterada de nuevos ricos… Y ahora llega la factura y se cabrea porque toca pagar tanta estupidez.
Millones a mogollón que nadie contabilizaba en el debe, a la espera de algún maná milagroso. Facturas que nadie reparó en que algún día habría que pagar. Y ese día ha llegado.

Nada de aplicar unas tasas realmente progresivas, para que pague más quien más tiene. Nada de reducir gastos de asesores, de coches oficiales, de estudios y proyectos que nunca se harán realidad, de gabinetes de propaganda, de viajes inútiles, de sueldos obscenos…
El Estado, las distintas Administraciones públicas, están para ofrecer los servicios básicos a precios públicos, no a precios de mercado. El agua, el IBI, los servicios sociales a domicilio son servicios públicos, no mercancía.
DRY Zaragoza.
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