miércoles, 23 de noviembre de 2011

Regla de tres en el parlamento.

Más de 35 millones de personas componen el sufragio universal del Estado español. De ellos 10,7 millones han votado al Partido Popular (alrededor de medio millón de personas más que en las pasadas elecciones), suficiente para auparlos a la más amplia mayoría absoluta del partido conservador. Por otro lado encontramos al Partido Socialista, el partido que ha gobernado desde 2004, primero en minoría y más tarde en coalición. Este partido obtuvo 6,9 millones de votos, frente a los 11,3 millones que contabilizó  hace apenas 3 años y medio. Bien, la pregunta es: Si estos dos partidos suman el 50,3% de los censados con derecho a voto ¿cómo es posible que sumen el 84,6% de los escaños en el congreso? Puede parecer que la pregunta  tiene trampa, pues claro, hay personas que no han ejercido el derecho a voto y no van a tener representación en el congreso, al menos eso es lo que dice la ley. Tan solo el 71% de los censados han acudido a votar estas elecciones (2.1 puntos por debajo de los anteriores comicios). Así podemos calcular que a estos partidos los han votado el 73,3% de los censados que sí han ejercido el voto, aun así recordamos que van a representar el 84,6% de los escaños.
Bien, cojamos ahora el Partido Popular, por ser vencedor. Tal y como hemos hecho anteriormente, medimos el tanto por ciento del total del sufragio, el 30,6% de los votantes han confiado su voto al Partido Popular y sube hasta el 44.6% de los votos aunque nos representarán en el congreso con el 53,1% de los escaños. No parece que cambie mucho la cosa, pero sin embargo, hemos pasado de la mayoría absoluta del Partido Popular a la mayoría de no votantes del PP.
Tercero y último, cogemos el ejemplo de UPD que han sumado  1.135.000 votos, es decir, el 4,7%  de los que han ejercido el derecho a voto , tan solo van  a representar el 1,4 de los escaños en el congreso. Si analizamos otros partidos como Izquierda Unida, que representa el 6,9%, solo van a  verse plasmados en el 3,14  de los escaños.
De esta forma quedarían representados los partidos politicos en el parlamento con una simple regla de tres. Una persona, un voto:


JBS.

domingo, 13 de noviembre de 2011

¿A quién sirve el euro?

Manuel Castells

Ya no cabe duda sobre el talante antidemocrático de la UE. La propuesta de Papandreu de preguntar a sus conciudadanos si aceptaban vivir en austeridad espartana para poder pagar en euros desencadenó una tormenta financiera y política que entre amenazas e improperios de Merkozy y Cameron provocó la crisis del Gobierno griego y puso al país patas arriba.

¿Qué hay de malo en que la gente decida sobre su salud, su educación y su empleo? ¿Son temas demasiado complejos para el populacho? No exageren, que algunos tenemos más estudios que los mandamases. Con algunos colegas me comprometo a explicar clarito a los ciudadanos de qué va el euro y su crisis y a quiénes benefician y perjudican y cuáles son las distintas opciones posibles, incluida el repatriar al euro a Bruselas. A condición naturalmente de tener la misma información que se reservan financieros y gobernantes. El problema no es de complejidad, sino de democracia. A lo que más temen los políticos en estos momentos es aque los ocupen, a que les arrebaten ese poder delegado que mantienen mediante un mecanismo controlado de elecciones entre opciones encerradas dentro de límites sistémicos y legitimadas mediáticamente. Un referéndum, sin ser una forma perfecta de decisión popular, abre el abanico de posibilidades, siempre y cuando sea limpio. Había que ver a asesores políticos europeos aconsejando que si se hacia el referéndum se hiciera con una pregunta inteligente, o sea sesgada hacia lo que conviene. Hay, profundamente, arrogancia elitista y repulsión hacia la voluntad popular, por mucho que se disimule. Porque aunque se equivocara el pueblo, tiene derecho a hacerlo. Ya pasó el tiempo de los que nos salvaban porque no sabíamos lo que hacíamos.

En realidad no se trata de salvar al pueblo, sino de salvar al euro, como si esto fuera equivalente. ¿Por qué tanto interés? ¿Y de quién? Porque diez de los veintisiete miembros de la UE viven sin euro y algunas de sus economías (Reino Unido, Suecia, Polonia) son mucho más sólidas que la media de Unión. Defender el euro hasta el ultimo griego es la primera línea de defensa para una moneda que está condenada porque expresa economías divergentes y no tiene un estado que la respalde.

Con Portugal e Irlanda en la UVI, España en la cuerda floja y una Italia en permanente crisis política y endeudada hasta las orejas de su histriónico ex líder, la franco-germana defensa del euro tiene otras explicaciones que la historia de terror que nos cuentan sobre la catástrofe financiera que ello implicaría con efectos devastadores en nuestro cotidiano como si la vida dependiera de la bolsa. La primera razón es obvia: salvar a los bancos, sobre todo alemanes y franceses, que prestaron sin garantías a Grecia y demás PIGS mediante la manipulación de cuentas que, al menos en el caso de Grecia, hizo la consultoría de Goldman Sachs (Por cierto, debe ser simple casualidad que Draghi, el flamante nuevo presidente del BCE también fuera empleado de Goldman Sachs).

De entrada ya tienen que olvidarse del 50% de la deuda de Grecia, aunque no está claro quién acabará pagándola. Pero el otro 50% lo tienen que sacar de la sangre, sudor y lágrimas de los griegos, prestándoles nuestro dinero, para que el impago no quede impune. Si Grecia denunciara la deuda, como hizo Islandia a quien le va tan ricamente, un dracma devaluado en 60% haría impagable el resto de la deuda. Más aun, el efecto contagio en mercados financieros llevaría al impago de gran parte de la deuda soberana, llevando a la quiebra a los bancos que se aprovecharon del euro para prestar sin solvencia.

O sea, se trata de salvar a unos bancos concretos y, en términos más amplios, evitar una nueva crisis del sistema financiero. Se quiebran países para no quebrar bancos. ¿Pero por qué se hace? Al fin y al cabo, los Merkozy no son empleados de banca. Tienen sus intereses políticos, de país y personales. Alemania es la que realmente necesita que el euro sea la moneda europea y que sus socios no puedan devaluar. Porque el modelo de crecimiento alemán es en realidad el chino: crecer mediante exportaciones favorecidas por una moneda subvalorada y reducir salarios (reducción del 2% en términos reales en el último quinquenio). Si hubiese un euro-marco fuerte, Alemania perdería mercados en Europa y competitividad respecto a exportaciones españolas o italianas. Pero hay otra dimensión político-personal: tanto Merkel como Sarkozy necesitan establecer su liderazgo europeo tanto por razones de política interna como por proyecto de grandeza nacional que se tiene que disfrazar de europeo para no despertar viejos fantasmas. ¿Y las otras élites políticas europeas? Algo semejante ocurre, su importancia personal y de país se realza siendo cola del león europeo porque la ratonez de su ámbito les viene estrecha. Sentirse europeos, en un mundo en tránsito desde Norteamérica a Asia, les da la impresión de ser algo más que productos aldeanos del aparato de partido que tanto desprecian.

¿Y nosotros en todo esto? Cierto que el desbarajuste financiero que ocasionará (no hay errata de tiempo de verbo) el advenimiento de la euro-peseta causará problemas de transición en la economía y en nuestros bolsillos, en condiciones que dependen de cómo se produzca la transición. Pero se recuperaría la soberanía de política económica, se ajustaría la realidad monetaria y financiera a la economía real, se incrementaría la competitividad, ganando mercados externos e internos, habría una explosión de turismo que sería a precios de ganga. Se podría reactivar la economía emitiendo moneda. Y por tanto se incrementaría el empleo. Porque lo esencial es crecer, no flagelarse. Claro: habría inflación. Pero es la mejor receta para reducir deuda, incluida la de su hipoteca.

¿Y el sueño europeo? Pues hagámoslo con la gente, amándonos los unos a los otros, en lugar de ver quién paga la cuenta. Cuando piense euro, piense estafa. Cuando piense Europa, piense amigas.

Manuel Castells, sociólogo internacionalmente reconocido, es catedràtico de sociologia en la UOC de Barcelona.

sábado, 29 de octubre de 2011

Nazismo, fascismo y franquismo.

Como no encuentro tiempo para seguir escribiendo cosas interesantes, no quiero que esto caduque y aprovechando que estoy dedicando este mes de octubre casi exclusivamente al estudio de la asignatura "historia política de España", voy a colgar un pequeño articulo de Ángel Viñas sacado del diario Público que resume una parte de las relaciones entre el franquismo y el nazismo. Está relación pudo cambiar el destino de nuestro país:

Franco era "muy lento" para los nazis

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro y, a veces, el amigo viene con una flota de cazas, bombarderos, carros de combate, artillería, tropas. Franco abrazó a Hitler, que llegaba con una maquinaria de destrucción como nunca se había visto en España. A finales de julio de 1936, llegaron los primeros envíos de material militar. Destaca el Heinkel He 111, con ocho lanzabombas verticales, con carga de bombas de 10 a 250 kilos y capacitado para lanzar 2.000 kilos de explosivos en bombas.
Fueron los aviones que arrasaron Guernica: "Hicieron dos pasadas. En la primera utilizaron bombas rompedoras de diez kilos para romper los techos de las casas. En la segunda, soltaron las bombas de 50 kilos de trilita que incendiaron todo. Posiblemente fueron cinco escuadrillas (cada una se compone de tres aviones)", explica Cecilio Yusta, experto en historia de la aviación, expiloto de Iberia y autor del libro José Ramón Calparsoro. Un piloto español en la Legión Cóndor (Quirón), en el que cuenta la vida del primer español en volar un Heinkel 111. Al final de la guerra, los alemanes habían enviado 600 aviones a España.
La comunión de los alemanes con las tropas del Ejército sublevado parecía perfecta. Incluso olvidaron sus vestimentas y se calzaron hasta las estrellas del Ejército español, aunque con sus distintivos.
Pero aquella relación se torció cuando los alemanes conocieron a Franco. "Las relaciones al principio no fueron buenas. Los alemanes y los italianos se quejaron de la forma que tenía Franco de conducir la guerra. Pensaban que iba demasiado lento y que carecía de planteamientos estratégicos modernos", explica el historiador Ángel Viñas.

Duro como una bomba

"A ello se añadieron los jueguecitos malabares del embajador alemán, general Wilhelm Faupel. Franco planteó hábilmente deshacerse de él y de Sperrle (el primer general en jefe de la Legión Cóndor). Lo consiguió a mitad de 1937", cuenta Viñas. El siguiente paso fue el avance sobre el Norte, recomendado por los alemanes. "Entonces, cayeron en manos de Franco las minas de hierro de Vizcaya, los roces políticos y militares se trasladaron a la esfera económica. Franco no consiguió que los alemanes se plegaran a sus deseos en la misma medida en que lo hicieron los italianos tras Guadalajara. Con Von Richthofen, el tercer comandante en jefe de la Cóndor, las relaciones fueron buenas. Era duro y congenió bien con Franco".
Además, aclara que, sin la ayuda de Hitler y de Mussolini, Franco no habría ganado la guerra. "Hitler suministró armas modernas y, sobre todo, la única innovación estratégica de toda la guerra: la Legión Cóndor. Mussolini suministró armas y hombres", que enjugaron el drama.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Ni pabellón, ni puente.



Ahora toca pagar los fastos de la Expo, los edificios sicodélicos y los pabellones-puente, que no sirven ni como pabellones ni como puentes… Toca pagar las comilonas, los viajes por los cinco continentes, las costosas campañas de propaganda para vender humo por medio mundo…
Toca pagar la parafernalia de los grandes eventos que tanto gustan a Belloch y sus mariachis, las Olimpiadas sin nieve, la Expopaisaje forrada de cemento, la Zaragoza Cultural de cachirulo, la chapuza del campo de fútbol…
Y la gente andaba la mar de contenta con tanta obra, con tanto espectáculo, con tanta feria vacia y cutre, con tanta horterada de nuevos ricos… Y ahora llega la factura y se cabrea porque toca pagar tanta estupidez.
Millones a mogollón que nadie contabilizaba en el debe, a la espera de algún maná milagroso. Facturas que nadie reparó en que algún día habría que pagar. Y ese día ha llegado.

Y la única solución que se les ocurre, a unos y a otros, incluso a los que parecían más cercanos al populacho, es subir los ingresos a base de machacar más la ya destartalada economía de la ciudadanía.
Nada de aplicar unas tasas realmente progresivas, para que pague más quien más tiene. Nada de reducir gastos de asesores, de coches oficiales, de estudios y proyectos que nunca se harán realidad, de gabinetes de propaganda, de viajes inútiles, de sueldos obscenos…
El Estado, las distintas Administraciones públicas, están para ofrecer los servicios básicos a precios públicos, no a precios de mercado. El agua, el IBI, los servicios sociales a domicilio son servicios públicos, no mercancía.

DRY Zaragoza.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Cuando se invoca a Marx para salvar el capitalismo




Alberto Rabilotta                                                 
ALAI AMLATINA
Las economías de Estados Unidos, Reino Unido, Europa y Japón no van bien. Donde no hay contracción predomina un pernicioso estancamiento. El desempleo sube, los salarios y el consumo bajan. Y la situación irá agravándose a medida que se apliquen los planes de austeridad que han recortado o recortarán el gasto estatal para el acceso al seguro de desempleo, que bajarán o limitarán los pagos a los jubilados y demás programas sociales, los llamados “estabilizadores automáticos” que sirven para aliviar el impacto del frenazo de la economía sobre las clases trabajadoras. En entrevista con la televisión de la agencia Bloomberg el economista Nouriel Roubini afirmó esta semana que la economía estadounidense, según su lectura de los índices económicos, está atascada y yendo hacia una recesión. Un diagnostico similar puede ser hecho a partir de la lectura de los principales índices en el resto de las economías avanzadas.

Buenas noticias, malos resultados
Un despacho de John Helyar para la agencia Bloomberg, del 26 de agosto pasado, asegura que medianas empresas estadounidenses que fabrican productos muy específicos, no fácilmente reproducibles por competidores extranjeros y que tienen mucha demanda en las economías emergentes con fuerte desarrollo económico están “abrazando” a China e India para derrotar el estancamiento en Estados Unidos, y de paso haciendo ganancias “que exceden las de los grandes manufactureros”.

¿La receta del éxito? Cortar puestos en la producción en Estados Unidos y transferir parte de la producción a China. La contraparte de este éxito empresarial es que durante la Gran Recesión (2007 al 2009) se perdieron empleos en Estados Unidos, donde el sector manufacturero – según el economista Daniel J. Meckstroth de la Alianza de Manufactureros en Virginia - eliminó dos millones 300 mil puestos desde finales del 2007 y hasta diciembre del 2009, de los cuales sólo se han recuperado unos 289 mil empleos. Y aunque estas medianas empresas pueden crear más empleos en Estados Unidos en los próximos meses, el grueso del aumento de su fuerza laboral y de su producción será en los mercados emergentes. El artículo cita cuántos empleos han sido eliminados por las empresas en Estados Unidos para ser creados en China o India, y cuántas inversiones de capital fijo serán hechas en esos países, que es donde se encuentra la demanda final.

Donald E. Washkewicz, presidente y director general de Parker Hannifin, una de esas empresas medianas que están generando más ganancias y aumentando sus ventas, explica el principio de seguir al consumidor: “Algunas personas nos dicen ‘Ustedes están enviando nuestros trabajos al exterior’. Eso es un montón de mierda. Hay que seguir al cliente adonde éste vaya”.

Invocando a Marx
En un comentario titulado “Demos a Karl Marx la posibilidad de salvar la economía mundial” el economista George Magnus, consejero del banco UBS y autor del libro “Uprising: Will Emerging Markets Shape or Shake the World Economy”, escribe para la agencia Bloomberg (1) que los políticos que están luchando por entender el aluvión de pánicos financieros, de protestas y otros males que afectan hoy día el mundo, deberían estudiar los trabajos de un economista muerto desde hace mucho: Karl Marx. Cuanto más temprano ellos reconozcan que estamos frente a una crisis total del capitalismo, mejor estarán equipados para hallar una salida.

Magnus recuerda que la economía global de hoy día tiene “extrañas” similitudes con las condiciones que Marx pronosticó: “Consideremos, por ejemplo, la predicción de Marx sobre cómo se manifiesta el inherente conflicto entre el capital y el trabajo asalariado. Como escribió en El Capital, al proseguir la búsqueda de ganancias y de (aumentos en la) productividad las empresas son naturalmente llevadas a emplear cada vez menos trabajadores, creando así un ejercito de reserva industrial constituido por pobres y desempleados: ‘La acumulación de riquezas en un polo es, por tanto, la acumulación de miseria al mismo tiempo’, escribió Marx.

El economista va al meollo del problema cuando apunta que lo descrito por Marx es visible a través de todo el mundo desarrollado, particularmente en Estados Unidos, donde los esfuerzos de las compañías para cortar los costos y evitar contratar empleados han hecho aumentar las ganancias de las grandes empresas hasta el más alto nivel de las últimas seis décadas, mientras la tasa de desempleo se mantiene en 9.1 por ciento y los salarios reales están estancados. Y continúa apuntando que la desigualdad en los ingresos en Estados Unidos está, según algunas mediciones, en un nivel tan alto como el registrado en los años 20 del siglo pasado, situación que condujo a la Gran Depresión.

Y retoma señalando que Marx describió la paradoja de la sobreproducción y el subconsumo: Mayor la cantidad de gente relegada a la pobreza, menor será su capacidad de consumir toda la cantidad de bienes y servicios que las empresas producen. Cuando una empresa reduce los costos para aumentar sus ingresos busca hacer algo inteligente, pero cuando eso lo hacen todas a la vez se anula la generación de salarios y de la demanda efectiva, de las cuales las empresas dependen para obtener ingresos y ganancias.

Después de citar a Marx, quien escribió que “la razón última de todas las crisis reales sigue siendo la pobreza y el consumo restringido de las masas”, Magnus aconseja a los dirigentes políticos que pongan “el empleo en el tope de la agenda económica, y consideren otras medidas fuera de la ortodoxia. Esta crisis no es temporal y ciertamente no será curada por la pasión ideológica que los gobiernos tienen por la austeridad”.

En la Gran Recesión (2008-2009) los países avanzados (y en proceso de desindustrialización) evitaron una depresión por la fuerte demanda de los países emergentes, el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) que ahora se volvió plural (BRICS) con la inclusión de Sudáfrica. Esto no sucederá ahora porque, según Stephen King, economista jefe de HSBC Holdings PLCS de Londres, es difícil avizorar cómo las naciones emergentes pueden llegar a rescatarnos una vez más. Los indicadores económicos del BRICS muestran que esas economías están ralentizando y que si bien evitaran un aterrizaje forzoso, según el economista Joachim Fels de Morgan Stanley, no serán capaces de salvar otra vez el mundo. La situación de los países emergentes - según dijo a la agencia Bloomberg el Nóbel de economía Michael Spence, profesor de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York – explica que haya actualmente 50 por ciento de posibilidades de que la economía mundial caiga en una recesión. De ser así se notará una baja pronunciada de las ganancias de las empresas de los países avanzados que tienen sus plataformas de producción y proveen los mercados de los países emergentes, lo que explica que un buen número de analistas e inversionistas bursátiles anticipen un mercado bajista para las plazas bursátiles.

La oligarquía financiera nos conduce al desastre total
En momentos en que las estadísticas de las economías validan la perspectiva de una recaída en recesión en medio de la crisis por la deuda pública en los países avanzados, los índices bursátiles recuperan parte de las pérdidas de las últimas semanas, confirmando el desacoplamiento de las finanzas respecto a la economía real. Paul Woolley, ex gerente de fondos mutuales y fundador de un instituto de investigación sobre los desequilibrios financieros en la Escuela de Estudios Económicos de Londres, dijo a la revista alemana Spiegel-Online (25 de agosto 2011) que el desenvolvimiento de las últimas semanas a puesto en claro que los mercados financieros – que crecen hasta aplastar las economías - no funcionan adecuadamente, que la situación está quedando fuera de control y deviene “potencialmente peligrosa para la sociedad (porque) el mercado no está alcanzando el equilibrio, sino cayendo en el caos”.

Ante la perspectiva de otro aumento en la pobreza y la miseria de los endeudados pueblos, para decirlo francamente, la oligarquía financiera global ve una oportunidad más de seguir enriqueciéndose con la implantación definitiva de un sistema rentista que nos hace retroceder a la servidumbre, como dice el profesor y economista Michael Hudson.

En este contexto bien vale la pena leer (y reflexionar) sobre la contribución que el economista y antropólogo David Graeber (2) hace para explicar las grandes crisis financieras del pasado, desde los orígenes de las civilizaciones, crisis por deudas impagables, y así entender el peligro de colapso social que nos amenaza.

En la antigüedad –explica Graeber en la entrevista citada- el peor escenario posible, temido por todos porque podía llevar a un colapso social total, era una gran crisis de deudas: al devenir deudora frente al uno o dos por ciento de la población, la gente ordinaria se vería llevada a vender a miembros de la familia como esclavos, o eventualmente a venderse a sí mismos.

Y refiriéndose a la actualidad el economista y antropólogo explica que en lugar de crear alguna institución de gran alcance para proteger a los cientos de millones de ciudadanos que están aplastados por las deudas, y a los Estados que se endeudaron al socializar las pérdidas de los grandes bancos e instituciones financieras privadas, “se han creado esas grandiosas instituciones de escala mundial para proteger a los acreedores, como el FMI o Standard & Poor, que esencialmente declaran – y en total desafío a la lógica económica tradicional - que a ningún deudor se le debe permitir la mora, que no pague. No hace falta decir que el resultado será catastrófico. Estamos viviendo algo que a mi, por lo menos, me parece exactamente lo mismo que más temían los antiguos: una población de deudores patinando al borde del desastre.

jueves, 1 de septiembre de 2011

ESPAÑA: PARADOJAS CATÓLICAS (Antonio Muñoz Molina)

Fragmento del blog de Antonio Muñoz que a muchos nos sonará, puesto que vivimo lo mismo con nuestros abuelos/padres.


"Mi madre es una mujer católica de 81 años que cada noche, antes de dormir, le reza a Dios por cada uno de los miembros de su familia, los vivos y los muertos, procurando no olvidarse de ninguno. Mi madre, que nació en una familia campesina y tenía seis años cuando empezó la guerra civil, fue muy poco tiempo a la escuela y pasó su juventud bajo la hegemonía indisputada de la propaganda franquista y el integrismo católico. Pero, como muchas personas de su generación, sobre todo mujeres, con la llegada de la democracia asistió a la escuela nocturna y se fue haciendo una mentalidad muy abierta. Ahora lee mucho, sobre todo novelas –entre ellas, las que escriben su hijo y su nuera- y aunque conserva intacta su fe siente un rechazo instintivo hacia el Papa y no se ha molestado en conectar la televisión para ver alguno de los programas larguísimos que se han dedicado a su visita. Mi madre, tan católica, asistió hace años con plena emoción a la boda civil de su hijo recién divorciado, y ahora recibe con naturalidad en su casa al compañero de su nieto gay, y cuando sabe que van a venir a verla les prepara uno de los dormitorios con cama grande. Y estoy seguro de que si ese nieto decide casarse, mi madre asistirá a su boda con algo de descocierto íntimo, pero también con perfecta desenvoltura, con esa nueva mundanidad que es uno de los síntomas del cambio formidable que ha vivido España desde los años setenta.
Cuando se quieren calibrar cambios se piensa en los jóvenes. Pero en España quienes más y mejor cambiaron en el tránsito de la dictadura a la democracia fueron muchas personas mayores, padres y abuelos, abuelas y madres, gente que sufrió el peso cruel del miedo y del adoctrinamiento durante muchos años y sin embargo, cuando llegó la hora de votar por primera vez, votó tranquilamente a la izquierda, y aceptó que sus hijos se casaran por lo civil o vivieran juntos sin casarse o se divorciaran, y mantuvo las redes de solidaridad familiar ocupándose de los nietos, dando refugio a los hijos cuando se separaban, volviendo a aceptarlos cuando perdían el trabajo.
No sé cuántos católicos se parecen a mi madre en la España de ahora, capaces de ir tranquilamente a una misa y a una boda homosexual, de rezar a Dios cada noche por los vivos y por los muertos y de votar luego a la izquierda. Lo que sí sé es que cada vez van a ser menos visibles, y que la visita del Papa de estos últimos días va a reforzar una identificación ya muy acentuada entre la iglesia católica y la derecha y la extrema derecha españolas. Ahora mismo, si se presta atención a los medios conservadores, el éxito multidinario de la llamada JMJ –Jornada Mundial de la Juventud- ha sido a la vez un desquite contra la supuesta hostilidad al catolicismo alentada por el gobierno socialista durante estos siete últimos años y un anticipo de la victoria del Partido Popular en las elecciones de noviembre. En uno de esos canales de televisión que se dedican en exclusiva a alentar el delirio ideológico, a la manera de Fox News en Estados Unidos, escuché ayer mismo a un comentarista decir que en estos últimos años “se puede hablar de una persecución de la Iglesia católica en España”.
De lo que se puede hablar más bien es de una triste serie de oportunidades perdidas. El gobierno de Zapatero enfureció a la Iglesia con una renovación de la ley del derecho al aborto equiparable a la de cualquier país europeo y con la legalización del matrimonio homosexual, y la derecha política se apresuró a hacer causa común con la jerarquía eclesiástica. La derecha buscaba debilitar al gobierno de cualquier manera, y en los últimos años se ha dedicado a cultivar a su clientela más extremista. En cuanto a la Iglesia, su activismo político está motivado por un intento de compensar la pérdida acelerada de su presencia social. La inmensa mayoría de los españoles reciben el bautismo católico, por una especie de inercia cultural, pero el número de los que se declaran creyentes ha ido disminuyendo de manera regular a lo largo de los años, y la asistencia regular a la misa del domingo no supera el doce por ciento. Una paradoja de la España de ahora es que la visibilidad de los símbolos exteriores de la religión católica encubre una secularización que asombra más por la rapidez con la que ha sucedido. Mucha gente se casa por la iglesia, celebra con gran boato las comuniones de sus hijos y asiste en primavera a las procesiones de la Semana Santa. Pero esa misma gente no va nunca o casi nunca a misa y se divorcia y usa el preservativo y acude cuando le hace falta a una clínica abortista. Y la fuerza misma de la familia española actúa a favor de la tolerancia sexual. En Nueva York tengo amigos a los que sus padres, evangélicos rigurosos, retiraron el saludo o expulsaron de casa al saber que eran homosexuales. En España a un hijo o a un nieto se le acepta incondicionalmente, sobre todo en las clases populares: por eso en la gran transformación de las costumbres españolas la audacia de la gente más joven se ha correspondido en este años con la sorprendente liberalidad de muchos viejos.
Las leyes, en España, han ido por detrás de los hábitos sociales. Pero el peso tremendo del pasado ha seguido actuando con más eficacia de lo que parece. Los comentaristas de derechas claman contra el gobierno de Zapatero como si hubiera traído la revolución social y la persecución del catolicismo, pero si algo ha caracterizado a este hombre ha sido su frivolidad y su afición a los gestos cosméticos por encima de los proyectos rigurosos. A Rodríguez Zapatero le gustaba declarar que era “un rojo”, rescatando innecesariamente un término con resonancias sombrías de la guerra civil, pero su política fiscal de estos años no ha rozado siquiera los privilegios de los más ricos. Este gobierno supuestamente anticatólico ha continuado sosteniendo con dinero público a la Iglesia, y subvencionando al cien por cien sus centros educativos, en un país donde la escuela pública está cada vez más desasistida. Y casi cuarenta años después de la muerte del tirano que entraba bajo palio en las catedrales,  las autoridades civiles de la democracia continúan asistiendo a los desfiles y las ceremonias de la iglesia católica, y los ministros juran sus cargos delante de un crucifijo. En este afán por figurar en las solemnidades religiosas son idénticos los políticos de izquierda y derecha, los centralistas españoles y los independentistas catalanes o vascos: con idéntica desvergüenza cultivan un populismo que sin duda les dará algunos votos, pero que tiene un efecto corruptor sobre la conciencia de la ciudadanía al hacer borrosa la separación entre la Iglesia y el Estado, y al privilegiar a una confesión religiosa sobre todas las demás, y sobre el derecho de quienes no pertenecen a ninguna.
A quienes conocimos la obscena complicidad de la jerarquía eclesiástica con la dictadura de Franco nos da miedo, estos días, la creciente vehemencia católica de la derecha, que se ha desatado sin ningún disimulo durante la visita del Papa: la identificación agresiva de lo español con lo católico y lo vaticano, el proselitismo escandaloso de medios informativos que por ser públicos deberían ser neutrales y se han convertido durante dos semanas en aparatos de propaganda sectaria. En esos medios oficiales, y en los periódicos conservadores, el millón o millón y medio de jóvenes que vitoreaban al Papa se han presentado como la antítesis luminosa de esa otra juventud reivindicativa y desaliñada que un poco antes ocupaba el centro de Madrid: los unos, alegres, saludables, rezadores; los otros sucios y promiscuos. Esa división radical entre los unos y los otros sin duda va a acentuar en el futuro la temible dificultad española para lograr lo que ahora mismo más nos hace falta, una base de concordia que nos permita hacer frente con alguna posibilidad de éxito a la situación desastrosa en que nos encontramos. Pero llevamos tanto tiempo viviendo en el delirio –la falsa prosperidad, la burbuja de la construcción, el fracaso educativo, la obsesión por el pasado lejano- que no es probable que la marcha del Papa y la de su millón de peregrinos nos devuelvan a la realidad.
En cuanto a mi madre, sigue con sus rezos, y no olvida decirme cuando la llamo por teléfono: “Hijo mío, a mí este Papa con tanto lujo no me gusta”. Y se acuerda del poco boato con que entró Jesús en Jerusalén." Antonio Muñoz Molina.

miércoles, 31 de agosto de 2011

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN Y EL TECHO DE LA DEUDA

“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Sin embargo parece que nuestra Constitución la deciden ahora Merkel y Sarkozy de espaldas a la ciudadanía, y con formas anti-democráticas que  contradicen a la propia Constitución.

Se ha publicado ya en distintos medios artículos sobre la modificación del artículo 135 de la Carta Magna, pero en casi todos ellos la discusión se está centrando en el tope del déficit del 0,4% y no en las consecuencias reales que se derivan de esa reforma.

Hay ciertos puntos sobre los que Democracia Real Ya! considera que debe centrarse el análisis del artículo 135 por su especial gravedad:

¿Qué supone limitar el déficit de un país en tiempos de crisis?

  • 1: TECHO DE GASTO

El superávit o déficit presupuestario de un país es la diferencia entre los ingresos y gastos en un año. El importe del déficit/superávit mide lo que nos endeudamos o ahorramos colectivamente al final del año. Limitar el déficit limita la capacidad de financiación del Estado y con ello principalmente los gastos sociales, desde las pensiones, sanidad, educación,… hasta los transportes, cuerpo de bomberos, salario de funcionarios, etc…

El problema en España no es el déficit, sino la caída de ingresos, debido a la explosión de la burbuja inmobiliaria. El déficit que define la UE, no es el déficit real. Es decir, no incluye ciertos gastos como gastos, sino en otras partidas. El déficit real de países como Alemania es mucho más elevado que el de España, sin embargo se escuda en su definición contable que no incluye las enormes cantidades monetarias que ha gastado en rescatar a sus bancos.

Así  pues se acusa a ciertos gastos, especialmente los sociales, de ser los causantes del incremento de la deuda simplemente porque aparecen contabilizados de esa manera. Pero en el caso de Alemania, Luxemburgo o Reino Unido, los causantes del incremento de la deuda son los gastos financieros destinados a “parchear” unos bancos que han jugado a la ruleta de la fortuna con los ahorros de sus ciudadanos.

Forzar el equilibrio de la balanza fiscal española para garantizar el pago de la deuda a Europa implica una pérdida total de soberanía económica. Los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones gozarán de prioridad absoluta, por encima de cualquier gasto social. Buena parte de la nueva deuda que emitamos se destinará a pagar la deuda ya existente, llevándonos a una espiral de deuda que jamás podremos terminar de pagar. Un gran negocio para nuestros acreedores, que principalmente son la banca francesa y alemana.

  • 2: PRIORIDAD ABSOLUTA DE BANCA:

Con el nuevo artículo 135, cuando un municipio, diputación, comunidad o el estado central esté en una situación difícil, por tener muchas deudas y obligaciones de pago, además de ingresos, cada euro que entre en tesorería tendrá que ir destinado a pagar la deuda e intereses, no pudiendo pagar sueldos, pensiones, prestaciones,… ni ningún tipo de gasto hasta que no haya cubierto totalmente dicho importe.

En la liquidación de las empresas, cuando quiebran, lo primero que pagan son los salarios y después al resto de proveedores, porque se considera que los asalariados son la parte débil que no debe pagar los riesgos que supone un negocio, ya que no se beneficia cuando aumentan los beneficios. La gran diferencia es que en este caso se prioriza y beneficia a los bancos, que evidentemente no son la parte débil, pero sí son quienes realmente redactan nuestra leyes.

  • 3: NO SE PODRÁ NEGOCIAR

Este punto es de vital importancia porque entra en vigor en pocos días y supone, además, que en el caso de un ataque especulativo o un cierre de mercados, ni pensionistas, ni trabajadores podrán cobrar.

En determinados momentos nos encontramos con que los intereses de la deuda pública se disparan; por ejemplo ahora Grecia tiene los intereses por encima del 10%. En estos casos, normalmente acaba con una suspensión de pagos y negociación con los bancos con quien tienen la deuda.

Lo normal es que en una suspensión de pagos, se suspendan los pagos de deuda pública, porque son los que han asumido un riesgo, precisamente porque obtienen muchos beneficios a través de la prima de riesgo, pero que se sigan pagando nóminas, prestaciones, servicios públicos y todo lo demás para que el estado siga funcionando.

La reforma constitucional lo que quiere implantar es que no se pueda hacer esto. Lo que se ha ordenado es la paralización inmediata del Estado en pro del pago a la banca, ya que estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación. Incluso en el caso de tener superávit, en un momento de falta de liquidez, no se permitiría pagar nada hasta no haber liquidado la deuda.



La conclusión final del análisis del artículo 135 es que su aplicación significa LA ABOLICIÓN DE LA CONSTITUCIÓN. Si el estado no puede pagar absolutamente nada, ni negociar, ni mantener los servicios públicos, ni el país en funcionamiento, TODOS los demás artículos de la constitución quedan en NADA.

Desde Democracia Real YA! reiteramos que no somos mercancía en manos de políticos y banqueros y por ese motivo seguimos oponiéndonos tajantemente a este tipo de medidas. La reforma constitucional propuesta por PP y PSOE al margen de la ciudadanía, sin convocar un referéndum vinculante, supone un golpe de estado encubierto que dejaría indefenso al país en manos de los poderes financieros internacionales y que tendría como consecuencia directa e inmediata el desmantelamiento de las garantías sociales, que son la base de nuestra actual Constitución.


Blog D.R.Y. Zaragoza.